
Volver es la última peli de Almodóvar, un tipo dignificado desde la existencia entre nosotros de Boris Izaguirre que ha decidido centrarse en personajes más comunes de los que solía emplear en sus últimas películas. Ha vuelto a sus orígenes, y no sólo toponímicos, sino de temática, de chispa en los diálogos, de pequeñas salidas del lógico guión para hacer uno de sus geniales exabruptos, de actrices y de estética. Me confieso admiradora de lo almodovariano, desde la meada de Alaska en Pepi, Luci y Bom… hasta la mamada de Antonia San Juan en Todo sobre mi madre. Hasta me gustaron Átame, con su escena final, y La mala educación. Pero ninguna como Volver. Tiene las virtudes de las primeras películas (la espontaneidad, el habla de la gente común, la estética neorrealista), y las de las últimas (madurez narrativa, acierto en colocación de cámara, música de Alberto Iglesias, redondez de guión…). En fin, que sólo una pega: Volver, cantado por Estrella Morente, llanto en las lágrimas, se hace raro. No es su estilo, no pega, se hace corto, no respira… sería mejor habérselo dejado a una folclórica de las de antes, para darle más solera, ¿os imagináis a Marujita, a la Panto, o a Saritísima cantando para Almodóvar? O a la mismísima Doña Concha Piquer, A la lima y al limón.
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